9 de diciembre de 2005

Knock out

Más de un 90% de quienes participaron vía telefónica en El Termómetro, se mostraron de acuerdo con los combos que Eduardo Bonvallet le propinó al novio de su hija, debido a que se había enterado de que él la golpeaba constantemente.

Resulta difícil reprobar la conducta del comentarista, sin duda. Yo misma lo justifico ampliamente, incluso paso por alto el hecho de que esto haya ocurrido en el lugar de trabajo del agresor.

Opiniones van y vienen. Lo que a mí me preocupa tiene que ver con lo incapaces que nos volvemos al momento de enfrentarnos con nuestras emociones. Esto tiene dos aristas, la del agresor y el agredido. No quiero entrar en materias patológicas, porque no me corresponde y no lo haría bien; pero sí decir que si la violencia que tenemos acumulada a los 20 años es de éste calibre, lo que queda para dentro de 20 años más parece ser nefasto.

Por otra parte está esta chica, que también dentro de su juventud no puede lidiar con la dependencia ni distinguir un buen amor de un mal amor. No tiene 50 años como para creer que la vida es sólo esto, está comenzando y su perspectiva, como la de muchas mujeres, es que otro cariño no es posible... Y eso no es así.

Aún más violento que aquello que pueda pasar al interior de una pareja, es el silencio del entorno. Nos gusta quedarnos callados, no meternos, permanecer al margen. Y eso es legítimo, no tenemos por qué andarnos involucrando en los "asuntos" de otras personas. Sin embargo, yo quiero verlo desde otra perspectiva graficada en el caso de alguien que quiere quitarse la vida: se espera que al momento de enfrentar a un suicida, las personas reaccionemos y tendamos a evitarlo. Famosos son los casos de quienes han conversado con alguien que tenía las intenciones de lanzarse al vacío (por ejemplo), para disuadirlo.

Eso es porque consideramos que la vida es valiosa. Creemos que la vida de las otras personas merece conservarse. Y también es legítimo no querer evitar que esas personas mueran, basados en que son sus "asuntos", y si alguien quiere morir, pues allá él/ella.

Creo 100% en esa visión, pero también creo en la otra, también creo que consideramos valiosa la vida, la salud, la integridad de una mujer y un hombre que sufren violencia; sobre todo cuando se trata de los demás. A lo mejor deseo para mí que nadie se meta, pero no deseo mi indiferencia frente a los otros. Y eso es lo que me da lata. El silencio del entorno. Ese silencio eterno. Ese conocimiento casi mundial que nunca se manifiesta hasta que las tragedias se desatan. Y es una complicidad macabra, cobarde e insustancial.

Mi crítica no es tanto para los dos involucrados en el círculo de la violencia en la pareja (no quiero referirme a niños, porque entro en otro tema que no trataré ahora), esos hombres y mujeres golpeadores que no lidian contra la rabia que los hace descargarse en aquellos que dicen querer... tampoco para quienes reciben ese "cariño" y no son capaces de ver que hay otros y otras afuera de esa tormenta que podrían amarlos mucho más y mejor. Mi crítica es para quienes observan y no son capaces de involucrarse.

No hay recetas, no hay modos para intervenir. Pero hay sentido común que en cada caso dictará qué hacer para no convertirse en un indiferente observador.

Y todo esto porque después resulta que todos sabían... ¡Y cómo no! ¡Cómo no se iban a dar cuenta!

Al que hay que knockear es al silencio y la pasividad, porque esos otros son valiosos, humanos y dignos de una mano que intente, al menos, protegerlos.

3 comentarios:

Paulo dijo...

Aunque se justifica plenamente el actuar de Eduardo Bonvallet. Particularmente yo no lo justifico, para eso hay instituciones que tienen que tomar las medidas correspondientes. No podemos tomar justicia por nuestras propias manos, para eso están los tribunales, atrás quedo eso del viejo oeste y los duelos a muerte ya son historia. Hoy en día las leyes protegen y velan la seguridad de las mujeres que han sido victimas de violencia, someten a duras penas a los agresores. Lamentablemente muchas de las victimas callan, no denuncian por miedo a una represalia de su victimario, pero ya es hora de perder el miedo y nosotros como ciudadanos, vecinos o familiares tenemos el deber de denuncias este tipo de abusos, es cobardía decir no me tengo que involucrar, si lo tenemos que hacer, porque muchas veces ese silencio de la agredida es también grito de ayudad, para que alguien haga algo por ella.
Como desearía que esto de la violencia fuera erradicada, pero creo que todavía estamos muy lejos, pero es tarea de todos poder lograrlo.
Un saludo.

SERGINHO® dijo...

mmm dificil el tema ahh.. mira si me pongo en la posicion de que alguien golpease a alguien de mi familia o a mi hija.. cuando la tenga... claro que golpearia al tipo...

pero bueno por que ella aguantaba ese es un tema.. por que pasa eso con las mujeres..

cariños¡¡

Barbaroja dijo...

La violencia nada engendra, sólo el amor es fecundo (El Chavo del Ocho). Interesante, sitio. Te estoy leyendo.

Saludos,

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