La once chilena


No sé si existirá otro país en el mundo donde se celebre la hora del té como aquí. La once chilena es de antología.

Para quienes no están familiarizados con el consejo, la once equivale a la merienda de la tarde, al té de las 5 o´clock, pero generalmente se sirve después de las 6 o´clock.

En otras latitudes la gente toma el té con galletitas y eso es todo... pero acá la once es OTRA COSA.

El término once nos llega desde una leyenda que sitúa a los mapuches como sus creadores. Se dice que más o menos a la hora del té, los hombres se agrupaban para ir a tomar aguardiente. Como no querían que las mujeres supieran que se iban de farra, entre ellos se llamaban a tomar "la once" por las once letras de la palabra aguardiente. Y así fue como quedó para siempre el concepto.

La once chilena es apatotada. Toda la familia reunida en la mesa para comer...
  • pan con...
  • palta
  • jamón
  • mantequilla
  • queso
  • mermelada
  • queque
  • dulcecitos
  • café
  • leche

Y cuando a la hora de once tocan completos... ni te digo, una maravilla.

Ya me dio hambre, ojalá que llegue luego la hora de once, jajaja.

Hoy puede ser un gran día

Esta mañana la alarma de mi celular suena a las 7:00 AM en punto. Una hora a la que los gerentes no estamos acostumbrados. Me levanto, no sin un poco de esfuerzo, con mucha alegría y pasión para ir al taller de marketing que organiza la empresa que aglutina a los proveedores del Estado y que nos convoca a todos de manera gratuita (porque para eso pagamos sus buenos pesos en membresía). Salgo a tiempo, llego temprano, me digo "voy a comprarme una leche para que no me dé hambre". Pero no hay leche en el almacén. Compro un alfajor y una coca. Llego al lugar 5 minutos antes de la hora de citación. Y el día sonríe.

La recepcionista encargada de las acreditaciones me pregunta mi nombre. Se lo doy. "Ah, usted es la gerenta de Blanco Comunicaciones". Sonrío. "La misma". Ésa soy yo. La gerenta de Blanco. Blanquito lindo mi empresita hermosa. Y el día no podía comenzar de mejor modo.

Miro hacia un costado y qué veo... jugos y galletas. QUÉ RICO, y con la hambruna que arrastro por estar en pie a horas que no son mis horas. ¿Será para nosotros, para los proveedores del Estado? Es para nosotros. Me tomo dos jugos: naranja y frambuesa, como galletas bañadas en choco. La cosa sigue su curso y a las 9 en punto entramos al salón de conferencia.

Hasta aquí me ha encantado el trabajo del organismo que nos convoca porque nos tratan a todos por igual. Somos los proveedores del Estado, somos las empresas encargadas de servicios que rinden cuenta al país. Nadie se pregunta cuánto facturamos, no hay diferencias entre grandes y pequeños. Somos iguales.

El expositor de esta mañana es el director de una de las agencias de publicidad más grandes del país. Acaban de ganar un premio en Cannes por una campaña. A eso fui. A verlo a él. Porque él sabe dónde y cómo insertar un producto... y a bajo precio. Nos habla de muchas cosas interesantes, es una exposición larga y al final de todo viene la ronda de preguntas. Preguntas van, preguntas vienen y el señor que está a mi lado solicita el micrófono. Le digo que cuando termine, me lo pase a mí porque es mi momento.

Cuando le toca al señor que está a mi lado, el moderador dice "última pregunta". Yo saco del bolsillo mi rostro "soy una pobre mujer mamá de familia que le cuesta llegar a fin de mes" y me cede el micrófono a mí. Yo tengo la última pregunta. Pregunto. Pregunto sobre la mejor estrategia para llegar a mi público en lo que será el gran emprendimiento gran de 2009. El experto me responde. Yo anoto como si se fuera a acabar el mundo.

Termina de responder y tengo en mis manos al menos tres ideas que no se me habían ocurrido. Este tipo es un genio. Y me ha dado tres grandes ideas gratis. Y como si fuera poco desayuné un rico jugo y galletas además.

Hasta acá va siendo un gran día. Termina el taller y el señor que está a mi lado me dice "oiga, no me va a creer pero yo trabajo en publicidad en regiones" (mi pregunta era, entre otras cosas, cómo llegar a las regiones). Me da su tarjeta. Su trabajo es, a grandes rasgos, decirme en qué radios y medios de regiones me conviene publicitar de acuerdo a mi público. Justo lo que andaba buscando.

Nos despedimos, arreglo mi cartera, contesto la encuesta, salgo del auditorio, bajo la escalera del hermoso edificio con vidrioespejo en que estamos (la sede de la Cámara de Comercio de Santiago) y cuando llego a la calle, pensando que nada podría ser tan bueno como hasta ahora, veo un SOL RADIANTE (sol de invierno que alumbra, pero no calienta, pero sol al fin y al cabo) que se extiende sobre el Parque Forestal.

Y entonces me digo "éste es un gran día". Y sonrío mientras camino. Porque éste es un gran día.

En pocos minutos más salgo a Moviliza a terminar de grabar el video para el lanzamiento y luego almorzaré con mi amiga personal Margarita. A la noche teatro y parece que la obra promete.

Qué linda es mi vida.

Y gracias a la empresa que aglutina a los proveedores, hacen un gran trabajo dándonos cada día más y mejores servicios. Los quiero. Además que no cobran tan caro en realidad. Es un precio justo por tener grandes días como el de hoy.

Calle esperanza



Al fin ve la luz el librito Calle esperanza, un pequeño volumen de 13x16 cms que congrega los trabajos de mis alumnos en el taller de poesía de la Corporación Moviliza.

El lanzamiento será el sábado 11 de julio a las 15:00 horas en la Biblioteca de Santiago (Matucana 151, 3° piso edificio de gestión).

Este libro se trabajó con puro corazón. Estéticamente desde el punto de vista literario fue muy difícil trascender en la escritura pues algunos de mis alumnos recién estaban aprendiendo a escribir cuando comenzamos. Uno de ellos aún está en ese proceso y le cuesta bastante la lectoescritura.

Lo que se logró al final fue otra cosa diferente, los chicos y la María (la única mujer) se dieron cuenta de que eran capaces de expresar algo, un sentimiento, un pensamiento, una anécdota, y de que eso los podía conectar con un posible lector. Con este punto de partida logramos articular algunas ideas y formar este libro cuyo aporte tiene que ver con el discurso que las personas en situación de calle son capaces de transmitir desde la poesía o el relato.

Cuando un alumno escribe del hambre y del frío que pasa viviendo en las calles, se complica bastante decirle "ya, pero ponlo más poético, más metafórico...". Te mira con los ojos grandes y te dice: yo tengo hambre, yo tengo frío. Y ése tiene que ser el poema.

Trabajar con personas que viven en la calle actualmente y con otras que vivían y que ahora han logrado establecerse, es una experiencia bastante particular porque te involucra con ese lado de la sociedad con el que solemos estar desconectados. Son personas que tienen mucho que decir acerca de la vida, que se emocionan con aquello que les ha tocado experimentar y que desean transmitir eso. Las figuras literarias les pueden interesar como concepto, pero para ellos lo más importante durante el taller fue decir qué pasaba en esos instantes en sus vidas.

Es de algún modo terapéutico. Más de alguien se quebró en alguna de las sesiones; y finalmente el próximo sábado 11 de julio podrán compartir con sus amigos y con quienes deseen, la alegría de presentar lo que han construido. Es un acto de generosidad el de compartir algo tan personal con muchos y sin duda que un logro para sus seis autores, uno de los cuales no podrá acompañarnos por razones penitenciarias (y es la ausencia que lamento con toda mi alma porque él había logrado conectarse con la llamada "Musa" y hacer de la poesía un refugio del cotidiano).

En fin. Acá les dejo un videito de invitación para que se peguen una vuelta y nos acompañen.

Abajito el comunicado de prensa, como siempre.



Proyecto impulsado por Corporación Moviliza

Personas en situación de calle presentan libro de poesía

El próximo 11 de julio será presentado el libro “Calle esperanza”, antología poética que reúne los trabajos de seis escritores que comparten la realidad de vivir en la calle.

Santiago, 1 de julio. Tras un año de trabajo, el colectivo integrado por Ricardo Burgos, María Isabel Kau, Cristian Muñoz, Gabriel Ormeño, Mauricio Piariz y Carlos Sepúlveda, presentará el libro “Calle esperanza”, proyecto literario forjado en el taller de poesía dirigido por Luisa Ballentine, al amparo de la Corporación Moviliza, organismo dedicado a promover la inclusión social y el mejoramiento de la calidad de vida de personas en situación de calle y su contexto.

“Calle esperanza es un logro de sus seis autores, quienes dedicaron muchas horas y mucho esfuerzo para encontrar una forma de canalizar sus emociones a través de la poesía. Este libro tiene pretensiones de reinserción social y trasciende la estética de la literatura. Lo que más nos importa es la posibilidad de que todos sientan que realizan un aporte a través de la escritura y que puedan recurrir a ella cada vez que se sientan atrapados en su realidad”, señala Ballentine.

Para Ricardo Burgos, uno de los autores, “aparecer en este libro significa algo muy importante: que en la vida si yo puedo escribir alguna cosa, algún trabajo que sea literatura, entonces valgo algo. Valió la pena el esfuerzo”.

Ignacio Eissmann, director ejecutivo de Corporación Moviliza, explica que “al recorrer estas páginas también se hace un viaje por lo que sucede diariamente en nuestro Centro Comunitario. Es un recorrido a través de conversaciones, pensamientos, risas y lágrimas. Un recorrido a través de las personas que hacen de ése un espacio de construcción, así como también un recorrido por los sueños del futuro que esperamos construir juntos”.

La presentación de “Calle esperanza” se llevará a cabo el sábado 11 de julio a las 15:00 horas en la Biblioteca de Santiago (tercer piso del edificio de gestión), ubicada en Matucana 151. En la ocasión, los autores compartirán parte de su trabajo y ofrecerán un agasajo a quienes asistan. La entrada es gratuita.

Sobre el libro

“Luego de leer estas páginas, ustedes habrán oído y consentido a aquella voz interior que los invitaba a mirar a su alrededor, eso sí, dejando de ver lo que siempre veían, para detenerse a mirar lo que estuvo siempre allí esperando ser descubierto. Los más profundos sentimientos, cavilaciones, existencialismos y sensibilidades de quienes tienen el alma sincera y sedienta de gritar al viento sus verdades, quedan expuestos ante el lector en estas páginas. En el mar de la sociedad y la cultura, todos contribuimos con un pequeño grano de arena. Aquí les presentamos una preciosa perla, que inclusive no sabía ni ella misma que estaba allí oculta: en plena calle. El lanzamiento y difusión de este libro viene a develar la voz de quienes tras tanto andar por el vaivén de la rutina, el anonimato y el ajetreo de la ciudad, un día osaron mostrarse tal y como son ante todo quien quisiera conocerlos. Es producto de una serie de sesiones en un taller, a través del cual, los autores desarrollaron un largo recorrido para finalmente sacar en limpio estas bellas poesías. A través de ellas podremos conocer lo más propio de cada uno. Los invito a soñar con ellos, a sufrir con ellos y a dejarse envolver por un momento en lo que cada uno quiere transmitirles”.

María de los Ángeles Lagos Coordinadora Social Corporación Moviliza

Sobre Moviliza

Moviliza es una corporación de derecho privado sin fines de lucro que orienta su trabajo a promover la inclusión social y el mejoramiento de la calidad de vida de personas en situación de calle y su contexto, de manera integral, efectiva y colaborativa, para contribuir a la construcción de una sociedad justa y solidaria.

Lo anterior implica que las personas en situación de calle participen de las instituciones e instancias sociales de manera integrada; que aumenten su nivel de bienestar en una o más dimensiones de su vida de manera sustentada en el tiempo y con ellos como principales agentes de este proceso; el desarrollo de un trabajo que asume las distintas dimensiones de la labor con personas en situación de calle; el desarrollo de acciones colaborativas con otras instituciones públicas y privadas; el reconocimiento del trabajo institucional como un aporte al logro de justicia social y a la construcción de relaciones de solidaridad.

Moviliza busca desarrollar esta misión a través del trabajo de una comunidad de profesionales y personas comprometidas con la justicia social y la solidaridad. Desde su fundación como agrupación de voluntarios UNELC en 1999 y desde 2006 como Corporación Moviliza, estos principios han orientado el quehacer institucional y definido los proyectos y programas sociales.

La ciudad es para los que la aman

La ciudad me encanta. Me encanta el tráfico, el pavimento, los semáforos, la gente paseando con mucha urgencia para todos lados. Me encanta la histeria de algunos, el relajo de otros. Me encantan las luces (aunque voto por ahorrar en tiempos de crisis), las plazas, las fuentes con agua, los edificios de vidrioespejo. Me encanta el cemento, me encantan las carreteras que todo lo unen. Me fascinan las tiendas, los cines, los teatros, la arquitectura en general, La Moneda y su plaza de la ciudadanía, el agua que brota en Providencia y se llena de colores hacia la noche.

Amo la ciudad. La ciudad es lo mío. El frenesí, la rapidez, la urgencia, todo para ayer, todo de inmediato. 1 hora arriba de la micro para llegar un poco más allá, los retrasos, las posibilidades, las actividades.

Ok, quizás 1 hora arriba de la micro no me gusta tanto, pero me lo mamo. Porque me gusta la ciudad. Y sarna con gusto no pica.

Me encanta que siempre hay algo que hacer, hay señal de celular hay TV satelital, existe el teléfono, el wifi, la hiperconectividad de todos con todos. Y todo es majestuoso, abunda la comida chatarra y donde comerla, abundan los espectáculos. La ciudad es para los que tienen pidulle en las venas y necesitan desenvolverse en la vida como si todo fuera lo último y lo más importante.

Y por eso en la ciudad tenemos que vivir los que somos así. Los que somos frenéticos, trabajólicos, los que hacemos mil cosas al mismo tiempo y necesitamos de todo. Los buenos pa los trámites, los buenos pa salir al cine, al teatro, a la comida chatarra, al parque acuático al columpio gigante de La Reina. Los que nos gusta comprar compulsivamente: botas, jeans, mucho maquillaje. Los que nos gusta salir en tacos por la vida aunque no podamos caminar.

Los que apreciamos el cemento y el vidrioespejo. Los que somos más grises que verdes (no de corazón, sino de estética). Los de corazón apasionado por las infinitas posibilidades de la ciudad y la imposibilidad de realizarlas todas.

La ciudad es para los que vinieron de lejos y se enamoraron de Estación Central, el Paseo Ahumada y Bellavista. Y se quedaron. Por amor.

Por eso me molesta la gente que reclama contra la ciudad. Aquí en Santiago somos muchos, nos vendría bien que unos cuantos nos despejaran la cosa.

Es la ciudad más grande en medio de un país entero de campo, tranquilidad, verdor y todas esas mamonerías que les gustan a algunos (y que yo respeto, por supuesto). ¿Qué hacen aquí entonces?

Es que acá están los estudios, mentira, hay universidades en todo el país. Es que acá está el trabajo, mentira, se puede emprender en todo el país.

Son cobardes.

Quienes sobreviven en la ciudad y cargan consigo día a día el odio a su asfaltado imperfecto y su congestión permanente, son unos cobardes. Se hacen llamar afuerinos, reclaman el nunca poder adaptarse y siempre están sufriendo... pero no son capaces de irse. Se autodefinen como la minoría campesina que sale en defensa de su norte y de su sur, pero al momento de dar la cara no son capaces de aliarse y fundirse con su norte y con su sur. Siguen acá. En mi ciudad hermosa, despreciándola.

Yo los desprecio a ustedes por cobardes. Por no ser capaces de defender el estilo de vida que quieren y venderse al sistema como el empleado resentido que odia su trabajo y nunca lo deja. Porque la cobardía es más fuerte.

Y de lejos escucho las voces que dicen "no es llegar y dejarlo todo", "es que las deudas", "es que los compromisos"... es que siempre va a haber razones para ser cobarde. Las razones para ser valientes son pocas, más bien dicho es una: ser fiel a uno mismo. Por eso a todos esos afuerinos que vienen a insultar mi capital, a patear mis piedras y despreciar lo que representa Santiago, no sólo les digo que se vayan (mejor para nosotros) sino que dejen de criticar al sistema y cómo los atrapó, pues los únicos que se atraparon a sí mismos fueron ustedes, sin la convicción para luchar por otro tipo de vida en otro lugar y con la desvergüenza de culparnos a nosotros, los de alma citadina, por sus problemas y sus nostalgias.

Con fe

El otro día en el pijama party que nunca fue porque no nos pusimos pijama, salió a flote el típico tema que SIEMPRE sale a flote en las conversaciones del universo: los fantasmas, jajaja. Es gracioso, pero es real. Las chicas contaban anécdotas, qué sé yo, historias de miedo. En un momento la Anita me dijo "Luisa, pero qué harías si se te aparece algo" y yo respondí "primero me muero, después, cuando resucite, no sé, me cago". Y les pregunté qué harían ellas. Y me dieron una respuesta demasiado espontánea, natural y fuera de mi alcance: rezar. Es tan obvio y está tan lejos de mí.

No puedo rezar porque no creo en ello. Podría... me sé los rezos, me sé los cantos y de hecho hago mis propias versiones capitalistas de las alabanzas a dios; pero claro, sería superficial. Sería como esos mails que se responden por compromiso sin ganas de hacerlo o esas llamadas por teléfono en que pegas la oreja por horas cuando lo único que quieres hacer es cortar. Un compromiso. Una herejía.

Lo malo es que esa fe me gustaría en mi vida pero por ahora no tiene cabida. Me gustaría tener mi defensa contra los fantasmas, en los que creo fielmente. O esa certeza de la permanente compañía. La vida después de la muerte. Un talismán divino.

A cambio de eso tengo la fe en lo humano, en los hombres, las mujeres, los niños, las niñas. No todos obviamente, pero varios. La fe en mis amigos, mi familia, en mí (la más grande). La certeza de que las cosas salen bien porque así es como deben salir. Que el trabajo da frutos, que la alegría trae alegría.

Cuando estoy en algo, tengo una certeza inquebrantable de que va para donde quiero que vaya... siempre que esté 100% en mis manos. Cuando depende de otros mi fe disminuye. Porque uno nunca sabe cómo van a reaccionar esos otros, si van a cumplir o no, si van a mantener sobre sus hombros la parte que les corresponde o de pronto el techo caerá entero sobre mi cabeza.

Hay que confiar. Confiar es más sencillo. Pero la fe es otra cosa, es ese convencimiento sin vacilación. La confianza admite la duda razonable y la despeja más o menos un poco bueno ya; la fe es a toda prueba. No se duda.

Yo no dudo de mí, nunca. Yo domino las situaciones, cuando yo estoy al mando las cosas salen bien. Cuando hago compromisos, yo sé que siempre cumplo. Soy a toda prueba. Tengo mis fallos, pero son por exceso de fe en mí misma.

El problema es el resto. Yo tengo fe que al resto le va a ir bien en sus cosas, pero cuando las cosas del resto se mezclan con mis cosas, dudo. Porque nadie trata tan bien mis cosas como yo. Nadie cuida mis cosas como yo las cuido. Nadie me cuida a mí como me cuido yo.

Pero hay que tener fe para que cuando mis cosas se mezclen con las cosas de otros, salga todo bien. Porque, lamentablemente, no siempre doy abasto con mis cosas. Y necesito ayuda. Y otros entran. Yo abro las puertas, hacen lo suyo. Y les tiene que salir bien.

No queda otra opción.

Maxed out

Conocí Maxed out como un programa del cable que da FoxLife. Un programa genial, inteligente, que me ayudó muchísimo en mi camino de emprendimiento para poder ordenar algunas ideas respecto del manejo del dinero.

Básicamente, el programa toma a una persona que se encuentra sobrepasada por sus deudas y de la mano de un experto en finanzas, se le entrega un plan para que se ponga al día en sus pagos. A veces las situaciones eran tan críticas que no quedaba otra salida que la bancarrota, modelo judicial que en Chile aún no existe y que permite que quedes libre de deudas al no tener cómo pagarlas, con el respectivo daño a tu reputación crediticia y un castigo por 7 años sin la posibilidad de acceder al crédito.

Ahora salió un documental titulado Maxed out on credit que aborda el estilo de vida estadounidense derivado del uso y abuso del crédito y cómo ha creado una sociedad que apenas puede sostener su modelo económico.

Afortunadamente este documental se encuentra en Youtube, acá les dejo el primer capítulo y lo pueden seguir en sus ediciones sucesivas.

Lo que me parece más relevante de todo este asunto es lo inconcientes que somos al gastar el dinero y cómo por satisfacer impulsos emocionales de un momento somos capaces de hipotecar nuestra estabilidad financiera.

Otro día hablaremos más extendidamente al respecto.

Tiempos cinéfilos

En el año 2000, cuando tenía 16 años, me dio por ir al cine todas las semanas y recopilé las películas vistas y la clasificación que les di de una estrellita a cinco. Incluso me gané un tarro de popcorn y una bebida por juntar los tickets.

Hoy me las he encontrado en ese vieja agenda. De la mayoría no me acuerdo. Muchas tienen títulos pornográficos, pero bueno. Acá van.

1) El chacotero sentimental. 3
2) Stuart Little. 3
3) Estigma. 3
4) El coleccionista de huesos. 4
5) Belleza americana. 2
6) The Blair witch project. 1
7) Inocencia interrumpida. 4
8) Milagros inesperados. 5
9) La playa. 3
10) Juana de arco. 3
11) Ecos mortales. 4
12) La última puerta. 4
13) La película e Tigger. 3
14) Las reglas de la vida. 4
15) Erin Brockovich. 4
16) Cambio de vida. 2
17) Juegos del corazón. 4
18) Romance. 3
19) American pie. 3
20) El dulce porvenir. 3
21) Coronación. 4
22) Misión imposible 2. 4
23) 28 días. 4
24) Tierra del fuego. 1
25) Titán AE. 4
26) El camino hacia el Dorado. 3
27) Gladiador. 5
28) El patriota. 4
29) La fortuna de Cookie. 4
30) The X-Men. 4
31) Bossanova. 3
32) FIDOCS. 3
33) 60 segundos. 4
34) Pasiones ocultas. 3
35) Destino final. 5
36) Irene, yo y mi otro yo. 4
37) Scream 3. 3
38) El hombre sin sombra. 4
39) Ambición peligrosa. 3
40) Revelaciones. 4
41) U-571. 4
42) Otoño en New York. 4
43) Divinas tentaciones. 4
44) Desafío al tiempo. 5
45) Amiran psycho. 4
46) Ángel negro. 3
47) Coyote ugly. 3

Mantra

Todos tenemos mantras. Son aquellas rutinas místicas que utilizamos cuando deseamos concretar algo especial. Pueden ser sencillos como cargar un amuleto o talismán, o más complejos como el seguimiento de rituales cronológicos.

Mi mantra sagrado es la concentración de energía positiva a través de la selección de algunas cuantas personas (muy pocas) elegidas para compartir proyectos especiales o acontecimientos significativos.

Estas personas son los que están al tanto de los proyectos 2009 por ejemplo, los dos más importantes; y también de un relevante acontecimiento reciente. Yo los elegí para que lo supieran.

Por qué, se preguntarán algunos, porque lo principal para mí, en un proyecto, es tener mucho cuidado con el feedback de quienes conocen su existencia, pues si la persona equivocada se entera, nos transmitirá las malas energías.

No son malas energías voluntarias, no siempre es porque la persona quiera, sino por ignorancia o por miedos personales que le hacen creer que si a ella no le resultó algo, a nosotros tampoco.

Muchas veces una impresión negativa puede sepultar un proyecto; por eso escojo muy bien a quienes les transmito información acerca de lo que estoy haciendo y, sobretodo, de los logros del día a día. La energía positiva de los amigos al saber una buena noticia, multiplica que vengan muchas más; mientras que la negativa lo impide.

Este mantra es muy importante. Mis amigos sufren un poco porque les significa recibir muchos mails masivos donde yo cuento mis hazañas y aventuras (¿cuántos van este año, ya? perdí la cuenta); pero yo sé que me quieren y me perdonan y que además están contentos por aquello que les comparto.

Este mantra es el que hace que todo lo que hago sea secreto (salvo para los elegidos) hasta que llega el momento de concretarlo y entonces ya todos se van enterando porque esta ciudad es muy pequeña.

Un mantra emblema que recuerdo es cuando estaba postulando al intercambio para irme a Buenos Aires. Los papeles estaba listos, me había ganado la beca, pero desde la universidad de allá no había llegado la carta de aceptación. Se suponía que era un mero trámite, pero hasta que no llegara, muy pocos sabían que estaba a un mes de irme. Eran contados con la mano. Mis elegidos.

Cuando finalmente recibí la carta de aceptación, resultó ser que casi toda la familia sabía porque mi mamá había abierto todo lo que es el hocico materno, jajajajajajajaja. Ahora que lo recuerdo me da mucha risa. Yo llegué a contarlo cuando se concretó y mi mamá había instruido a todos para que fingieran sorpresa.

Qué grande.

Por eso sé que las informaciones se filtran. Los elegidos, obviamente, no saben que deben resguardar bajo siete llaves la identidad de los secretos mántricos. Pero está bien. Finalmente asumimos que tarde o temprano todo se sabe. Sólo espero que el gran proyecto 2009, ése que los elegidos saben, siga siendo por ahora un misterio, para que concentremos la energía positiva con mucha fuerza y pronto podamos anunciar en este blog que SE VIENE...

¿Y ustedes tienen mantras?

El Papadre

Ayer fue el día del padre. Del papadre para mí. Al papadre le regalé una cafetera gigante porque le gusta el café.

El papadre y yo nos conocemos desde el año 1989 cuando él era novio de mi mamá. Luego vino mi hermana y el papadre entró de lleno en la familia mía y un día en una micro vieja y destartalada (tipo liebre) le pregunté al papadre si le podía decir papá y me dijo que sí. Pero nunca usé ese derecho.

El papadre y yo vemos la vida de distinta manera. Él piensa algunas cosas que yo aborrezco sobre ciertos asuntos cruciales... y viceversa. Pero nos entendemos. El papadre es muy gritón y yo odio eso, así como él odia que yo sea tan controladora y mande en la casa. Pero bueno. Alguien tiene que mandar y el papadre trabaja 12 horas, por lo general, afuera, entonces mando yo.

El papadre y yo tenemos una especie de alianza secreta para que mi mamá no sepa cuánto ganamos y así no nos asalte a cada rato. Él mantiene mis números a resguardo y yo los de él. Sólo nosotros sabemos cuántas tarjetas de crédito tenemos y con cuánto cupo.

Aunque el papadre es una persona neutra por definición, manifiesta cierta alegría por algunas cosas por las que yo también manifiesto alegría: nuestra Dorita, que la adora, los bebés, que los ama y la lucha libre.

Al papadre le gusta Queen. A mí Bon Jovi, y cuando era chica me escribía las canciones en inglés (cuando no existía esto del internet y uno no podía encontrarlas en cualquier lugar). Porque el papadre sabe inglés y yo no sabía antes y ahora sé un poco.

A mi papadre lo quiero mucho aunque seamos opuestos. Me dio una familia grande llena de parientes odiosos, pero queribles. Me dio primos y tíos en Estados Unidos. Me dio dos medios hermanos que parecen mis hijos a estas alturas.

El papadre no me dio un auto para mi graduación de la universidad, no me dio zapatillas nike, nunca me compró el buzo del colegio porque era muy caro, no me llevó a comer la cajita feliz del McDonald´s, no me llevó de vacaciones a la playa, no me regaló la Rosalba ni la Barbie Malibú con su casa y su auto. El papadre no me pagó clases de piano ni de guitarra ni de idiomas. No me enseñó a manejar porque no tiene auto, no me enseñó a andar en bicicleta porque andaba en el trabajo y aprendí con la Marru.

A cambio de todo eso me dio otra cosa: me enseñó la ética y la disciplina del trabajo.

Al papadre lo veo levantarse a las 4 de la mañana desde que era chica. Sale de madrugada con su parka de polar y su gorro de lana. Sale con su bolso, con sus zapatos de marca que le regalan sus hermanos. Ahora, ya más grande, sale con el mp3 que le regaló mi hermana para su cumpleaños y con la casaca que le di yo.

El papadre es guardia de seguridad desde hace 4 años. Antes fue chofer, recepcionista de hotel, repartidor de cecinas e inspector de boletos de micro. Cuando mi mamá me dijo, hace varios años cuando yo estaba en el Liceo, que el papadre iba a ser inspector de boletos de micro yo me fui de culo. El papadre no puede trabajar en eso. El trabajo dignifica, cierto... pero, pero, pero... el papadre no puede ser inspector de boletos de micro. El papadre, el gringo bilingüe, el que le gusta Queen, el que le gusta la lucha libre, el que le gustan las guaguas no puede ser inspector de boletos de micro. Tiene que haber algo mejor.

Me dio mucha pena.

El inspector de boletos de micro no duró mucho pues llegó, al fin, el de guardia. El papadre había encontrado, nuevamente, un lugar digno según mi apreciación. Ahora está desde las 7 de la mañana en un Instituto de Estudios en Vicuña Mackenna. Le toca estar de pie porque es guardia rondero. LLega a casa a las 9 de la noche.

¿Y por qué hay que admirar al papadre?

Porque en estos 19 años que lo conozco nunca, jamás, le he escuchado una sola crítica. Nunca le he escuchado decir que el jefe es un incompetente, que le deben plata de los bonos, que el trabajo es una mierda, que sería mejor morir bajo el estallido de una bomba atómica, que si tan sólo pudiera dormir un cachito más...

Se levanta con alegría en el frío de este invierno que es cada vez más difícil a medida que pasan los años. Se levanta contento, pone su radio, canta, se afeita y se va. Se sube al metro atochado. Va contento. Llega contento, conversa con la gente se hace amigos. Regresa contento a comer.

Nunca una queja. Nunca una mala cara, nunca un gesto de rendición, nunca una bandera blanca agitándose desde la trinchera laboral.

Eso es lo mejor que un padre puede legarle a un hijo. El esfuerzo incansable, el rostro alegre por tener trabajo, la satisfacción del fin de mes.

El papadre y yo no compartimos esta filosofía porque yo apuesto por la jefatura, pero si no lo hubiera visto estos 19 años levantarse sin chistar un dedo y llegar temprano los 365 días del año, sin duda que hoy no estaría acá porque no habría aprendido que antes de la cima está la montaña entera por escalar.

Mi madre no podría haber escogido un mejor papadre para mí.

La Mamadre
Poema de Pablo Neruda dedicado a su madrastra

La mamadre viene por ahí,
con zuecos de madera. Anoche
sopló el viento del polo, se rompieron
los tejados, se cayeron
los muros y los puentes,
aulló la noche entera con sus pumas,
y ahora, en la mañana
de sol helado, llega
mi mamadre, doña
Trinidad Marverde,
dulce como la tímida frescura
del sol en las regiones tempestuosas,
lamparita
menuda y apagándose,
encendiéndose
para que todos vean el camino.

Oh dulce mamadre
—nunca pude
decir madrastra—,
ahora
mi boca tiembla para definirte,
porque apenas
abrí el entendimiento
vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,
la santidad más útil:
la del agua y la harina,
y eso fuiste: la vida te hizo pan
y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro
de la casa
y tu humildad ubicua
desgranando
el áspero
cereal de la pobreza
como si hubieras ido
repartiendo
un río de diamantes.

Ay mamá, ¿cómo pude
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por primera vez estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco.

No me apaguen las luces por favor

Invierno de 1990 en Santiago. Los parientes en lo suyo, mi familia en lo nuestro. Para mí un único recuerdo: la oscuridad.

Todos me pelean cuando yo digo que prefiero que me corten el agua en vez de la luz. Que cómo lo haces sin agua, que el baño, que la cocina, que no sé qué. Yo prefiero que me corten el agua. Desde el invierno de 1990 y hasta ahora eso no ha cambiado.

En el invierno de 1990 nos cortaron la luz porque no podíamos pagarla. Yo tenía 6 años. Estuvimos 3 meses en la oscuridad absoluta del invierno, cuando los días son cortos y la noche llega a las 6 de la tarde.

Las razones ya no importan. Estuvimos 3 meses con la luz cortada. Estuvimos 3 meses acostándonos a dormir a las 7 de la tarde, iluminándonos con velas y con una lamparita del viejo oeste de ésas que se ven en las películas de época cuando no existía la luz. Mi mamá me ponía a mí al lado de la vela para poder hacer las tareas y mi amiga, que era zurda, quedaba al otro lado de la mesa y nos chocábamos los codos. Pero mi mamá no me cambiaba de lugar para que yo estuviera al lado de la vela.

Y luego de 1990 hubo muchas veces en que nos cortaron la luz. Nunca tan extensamente como aquella vez. Hubo otra época en el año 1996 cuando mi abuela murió y nos vinimos a vivir acá otra vez. Mi papá estaba cesante. Estuvimos sin luz 3 semanas. Vivíamos todos en una misma pieza porque la casa estaba llena de arrendatarios. Mis papás dormían en una cama de dos plazas a un lado y nosotros 3 dormíamos en otra cama de dos plazas al otro lado. Dormíamos mal porque la Claudia y yo nos movemos mucho. Una noche mi papá llegó tarde, había ido a una entrevista de trabajo y lo habían invitado al asado de la empresa... eso significaba que lo iban a contratar. Era la época del 18 de septiembre. Nosotros no teníamos luz, no teníamos carne tampoco. Pero íbamos a tener trabajo. Yo tenía 12 años, aún faltaban 2 para que comenzara mi vida laboral.

Y al tiempo llegó la luz de nuevo. Y con ella la alegría.

No me gusta la oscuridad porque creo en fantasmas. No me gusta la oscuridad porque me gustan los estímulos lumínicos. Me gusta la tele, me gustan las lámparas, me gusta la penumbra iluminada por algún foco del pasillo a lo lejos.

Y es cierto que el agua es importante. Y sin agua estuvimos muchas más veces que sin luz. Y a mí no me da miedo estar sin agua porque todos te prestan. Nosotros nos íbamos a bañar a casas ajenas, nos traían tinajas con agua. Se resuelve. Obviamente es una lata, pero el agua nunca falta. Y el gas lo mismo. Si no hay plata para gas, siempre hay alguien que te presta un gas. El gas tampoco falta.

La luz sí. Cuando no hay luz no hay esperanza. Te acuestas sumergido en las tinieblas mirando todo bajo el tenue brillo del fuego. Por algo las metáforas de los poetas y de los sabios nos hablan de la luz, de estar iluminado, de tener esperanza en que al final del túnel se ve la claridad.

Por algo los sabios y los poetas no nos dicen ya llegará tu agua... no, nos dicen ya llegará tu luz.

Por eso el otro día, cuando nos cortaron la luz por primera vez desde que yo soy la cabeza de la familia (porque la persona responsable de pagarla no avisó que se acumularon dos meses... irresponsabilidad), entré a mi cuenta bancaria y usé los pequeños ahorros que guardo para inversión.

Alcanzamos a estar 3 horas sin luz.

Porque a mí no me cortan la luz de nuevo. Que me corten el agua. Que nos quedemos sin gas.

Pero no me apaguen las luces por favor.

Sociedad enferma

Como tantas veces he escrito en este blog, no creo en la mayoría de las enfermedades. Creo que algunos creen que ellos tienen ciertas enfermedades, pero no creo en su existencia... cómo decirlo, fisiológica. Adhiero al postulado de que es uno mismo el que se crea ciertas enfermedades como manifestación de un desequilibrio emocional y no físico.

Se me viene a la mente un recuerdo de esas personas que se enferman gravemente ante un gran acontecimiento debido a los nervios y el estrés que puede provocarles. Esas "enfermedades" tienen nombre. Se llaman "examen de título", "me fui a vivir solo por primera vez en mi vida", "producción del festival de música de cerveza Cristal" o "mi cuenta bancaria está en menos mil millones".

Ésas son las enfermedades mundiales cuyos síntomes son fiebre, dolor de cabeza, vómito, diarrea y súmele acá su patología preferida. Esta gente va al médico y no tiene nada porque, en efecto... NO TIENE NADA. Es sólo el desequilibrio interno emocional por la presión lo que desata estas manifestaciones físicas. Lo peor, para mi gusto, es cuando van a esos doctores que para justificar el pago de la consulta les dicen "sí, mira, te pasó esto en tu sistema límbico y no sé qué". BAZOFIA.

Mi amiga Cintia de Martin me comentaba el otro día sobre una particular conversación en el matinal de Chile. El entrevistado era el siempre aclamado gurú de la medicina, doctor Paris, y la entrevistadora la siempre tan tontita Tonka Tomicic. Tema: gripe porcina, obvio. Ante la pregunta de "¿qué podemos hacer las personas para evitar enfermarnos en cualquier momento del año, ya sea de esta gripe o de otra?", el doctor NO contestó con las siguientes afirmaciones: tomar mucha vitamina C, acaparar Tamiflú porque nunca se sabe, salir con mascarillas cuando comience el período de incubación, aislarse de todos y ser ermitaño, vacunarse siempre contra la influenza estacional, mantener una dieta balanceada y hacer ejercicio, visitar diariamente las páginas del Minsal y la OMS para seguir sus recomendaciones...

No, el doctor Paris NO conestó eso. El doctor Paris SÍ dijo "para prevenir enfermarse lo más importante es estar contento, de buen ánimo y ser feliz" (aclaro que todo lo que está entre comillas es una aproximación a la realidad porque mi memoria es frágil).

¿Pueden creerlo? En otras palabras, el doctor Paris dijo: SEAN EQUILIBRADOS LOS WEONES, NO SE ANDEN PREOCUPANDO POR WEÁS, NO SE MEDIQUEN NI SE INTOXIQUEN. VIVAN.

Eso fue lo que quiso decir. Y lo dice un hombre de la medicina, un crack de la infectología. Ojalá a él sí le hagan caso.

La querida Tonkita respondió al doctor Paris diciéndole "ah, pero eso es imposible". Y con esta estúpida afirmación que contradice todos los principios de responsabilidad que deben tener quienes están en los medios de comunicación, de alguna forma reafirma el por qué hay tantas farmacias en esta ciudad y por qué todos siempre estamos con algún achaque: porque no hemos sido capaces de equilibrarnos ni ser felices.

Algunos están un poco más avanzados que otros en esta carrera, pero al fin y al cabo se trata de combatir años de malas informaciones respecto de por qué nos pasan ciertas cosas a nivel físico que no entendemos. Si alguien se cae de un quinto piso y se fractura media columna, obvio que está claro que se trata de un tema físico: la espalda no es inmune al pavimento en caídas de 10 metros a muchos kms por hora.

Acá hablo de esos síntomas inexplicables, de ese dolor de cabeza permanente, de ese dolor de guata ocasional, de ese desvanecimiento cuando caminamos por la calle. Esos pequeños síntomas que dejamos pasar en el momento o que tratamos con remedios que curan, justamente, el síntoma físico, pero no su causa... porque no indagamos en cuál es la causa.

Un ejemplo concreto y personal: el año 2004 comencé a tener dolores de cabeza diarios. Despertaba con dolor de cabeza todos los santos días y mientras más dormía, más me dolía. Mi primera medida fue ir al oftalmólogo para que me cambiara los lentes. Ok, con lentes nuevos seguía pasando. Luego pedí una interconsulta en el hospital (que demoró tres meses) para ver un neurólogo. Tras un muy breve examen que incluyó pasarme un lápiz de pasta por el pie, se dictaminó que cerebral no era (tumor descartado). 4 años después, en diciembre del 2007 se me quiebra una muela justo entre navidad y año nuevo. Pasé las fiestas en Viña y al regreso corrí al dentista. Me curaron la muela. Inocentemente pregunté "será que un dolor de cabeza que tengo hace 4 años pueda tener algo que ver con..." no alcancé a terminar la pregunta cuando la doctora me agarró la mandíbula y me dijo "sí, bruxismo".

Me hice una placa de relajación y mis problemas terminaron... hasta ahora. La placa está cediendo y mi bruxismo es cada día más intenso. ¿Por qué? Porque poner un artefacto intermedio entre los dientes impide que te los rompas y que te duela la cabeza, pero no impide que desates tu fuerza mandibular noche tras noche y en cierto momento rompas la placa.

No me he enfocado en tratar mi bruxismo, cuya manifestación es, claramente, un desequilibrio emocional. No se me cruzaron los cables, no anda pasando nada con la fisiología de mi cara, es algo interno. Es algo en lo que debo indagar para descubrir por qué mierda presiono tanto los dientes que me parto las muelas en dos y me genero migrañas permanentes.

¿Ven? Y así con todo.

Lo mío es un simple bruximos que pronto erradicaré... Socialmente, en cambio, el problema es mucho mayor porque aún queremos tratar el síntoma y no la causa. Estamos en la fase en que no sabemos qué está mal. Luego llegaremos a saberlo, y si sabemos y no hacemos nada estamos peor que cuando no sabíamos, pero por ahora la ignorancia de la necesidad de una vida más equilibrada es el mayor problema.

Y no parece tener solución en el corto plazo. La gente seguirá estando enferma sin saber por qué. Seguirá tomando medicamentos. Seguirá sientiendo pena por sus miserias. Seguirá pensando que si ellos y los otros están enfermos, es porque las enfermedades existen. Seguirá pesando que si el AUGE contempla ciertas coberturas a ciertas patologías, es porque son reales. Seguirá pensando que porque la tía de la abuelita y la vecina también tienen lo mismo, es por algo. Seguirá pensando que más vale pasar una mañana en el hospital que tomarse un té reflexionando en su vida y qué anda mal.

Porque a la mayoría le da mucha paja reflexionar sobre su propia vida. Y más paja aceptarse y quererse, y más paja aún reconocer que no se es feliz y arreglar eso... en vez de la presión alta.

Y mal de muchos... consuelo de tontos.

Una mujer como dios manda

Tipos de mujeres hay muchos.

Yo soy de las superdotadas intelectualmente (obvio), empresaria, soltera, estudiante permanente de finanzas y economía, comentarista de teatro, inversora en el mercado de divisas, cliente frecuente de mi banco, profesora de expresión oral y emprendimiento y bailarina oficial de cumbia, salsa, merengue y reguetón.

Me autodeclaro fuera del molde, sin embargo hay unas cuantas cosas cursis que una mujer TIENE QUE SABER HACER para poder denominarse mujer. Si no las hace, es hombre.

1) Amar al menos una canción de Luis Miguel y Ricky Martin. Con más de 5 ya estamos seguros de que es mujer, con 1 podemos dudar aún, pero si conjuga el resto de los factores, pasará la prueba.

2) Llorar con Grey's Anatomy (o su serie mamona preferida). Esto incluye, especialmente, las escenas donde muere un personaje, las bodas y las rupturas amorosas.

3) Tener un amor platónico. Y mientras más guapo e inalcanzable, mejor. Lo importante acá, en todo caso, es hablar de él como si fuera un amor real "él es mi novio, lo que pasa es que todavía no se ha dado cuenta".

4) Hacer dieta... y negarlo.

5) Pelearse con las amigas por un hombre y generar un escenario de traiciones y guerras medievales mucho mejor y más complejo que los juegos de rol de computadora.

6) Coleccionar cosméticos. El que sea, aunque no se use, pero siempre tener varios disponibles por si se da la ocasión.

7) Adorar con el alma alguno (o todos) de estos productos: pasteles, helados, chocolates.

8) Tener (o haber tenido) en el mp3 canciones de algunos de los artistas del siguiente listado: Luis Fonzi, David Bisbal, Camila, Sin bandera, Mark Antony.

9) Haber coleccionado esquelas cuando chica o, en su defecto, haber tenido el álbum Me gusta y haber rogado para que los papás compraran los mini-recaditos.

10) Esperar siempre que él llame pegada al teléfono mirando el reloj y contestar con voz dormida "no, si estaba durmiendo, pero no te preocupes".

Me gusta la democracia porque la democracia es buena

Lo que pasa con la democracia es bastante interesante. Por un lado estamos quienes la defendemos como forma de organización social; y por otro lado quienes apuestan por otro tipo de Estado.

La anarquía es una utopía curiosa. Al contrario de lo que muchos creen, no es la ausencia de sociedad organizada, sino la existencia de una organización voluntaria y libre de la coacción que ejercen entes como el Estado. ¿Por qué? Porque el ser humano como ser social (zoon politikon, como dijera Aristóteles) no puede subsistir sin la organización. Podemos reducir todo al mínimo y que cada persona cultive sus alimentos y críe sus animales, que cada cual construya su casa, pero siempre llegaremos a momentos donde nos necesitamos mutuamente: si cada uno aislara sus virus para crear sus propias vacunas la vida sería un desastre. Si cada uno vigilara los cielos para ver cuándo cae un meteoro... lo mismo. La necesidad de organización colectiva donde los individuos se especializan y cumplen distintos roles ya fue demostrada como una vía natural de evolución en política, por lo tanto volver atrás sería regresar a las cavernas.

La anarquía, entonces, busca que esta organización sea libre, voluntaria y sin coacciones, sin represión, sin castigos administrados por un ente superior... en otras palabras: imposible. Porque su supuesto básico es la diferencia de los seres humanos y su derecho a autorrealizarse como mejor estimen, lo que considera en sí mismo que hay tantos intereses como seres humanos, por lo que un orden global voluntario es un sueño ridículo.

Luego está una forma de gobierno arcaica que aún persiste: la monarquía. La monarquía fue considerada como una forma de organización poco eficiente debido a que la sucesión "real" no es garantía de buen gobierno ni responde a los intereses de la mayoría. La aristocracia y la dictadura (en su forma represiva del siglo XX y XXI) también caben dentro de este patrón. Obedecen a intereses de unos pocos que se aplican a todos.

Por eso cuando surge la democracia su intención es el gobierno de la mayoría. De ahí que se elige por votación popular la cabeza del Estado y sus estamentos. Sin embargo, sabemos que el poder de los medios masivos y del dinero son los que muchas veces conducen la dirección del voto. Ni mencionar el fraude electoral que pone en los puestos clave a quienes no han sido elegidos popularmente.

Ante la crisis sistémica que enfrenta actualmente el mundo, surgen voces que sacan a relucir la decadencia de la democracia contemporánea, su perversión y tiranización en manos de las castas de poder. Para ellos el modelo a surgir es la tan piropeada méritocracia.

La méritocracia, como su etimología lo señala, es el gobierno de los que tienen méritos para ejecutarlo, es decir, de los más capaces. De los tecnócratas, de los que saben, de los que estudiaron para ello. También es llamada tecnocracia y si bien sus fines parecen ser altruistas, su concepción postula la incapacidad de la masa para tomar decisiones acertadas en cuanto a su gobierno, por lo que destina estas labores a la casta que conforma la elite intelectual. Una elite que ya no es económica ni dinástica como era la monarquía, pero que sigue estando conformada por muy pocos que han sido dotados de capacidades intelectuales heredadas y que las han desarrollado en ambientes privilegiados.

No privilegiados en el sentido de adinerados, pues hablo de personas con gran capacidad intelectual a quienes, se sabe, sus padres han estimulado desde pequeños y han recibido incentivos positivos para desarrollarse como individuos. Obviamente la mayoría de los niños de las poblaciones no caben acá.

La méritocracia, para mi gusto, es también una forma elítica de gobierno. Apunta a que las cabezas sean los que han sido mejor dotados intelectualmente por circunstancias que son ajenas a ellos. Nadie elige ser hijo de padres profesionales ni nacer en un barrio de clase media donde es posible desarrollarse integralmente. Las condiciones genéticas y ambientales no dependen del ser humano nacido y en formación, por lo tanto es otra forma de monarquía que incentivará el desarrollo de líneas de sucesión de castas.

La democracia sigue siendo eficiente por todo esto. Al menos como modelo originario. Su aplicación, especialmente en América Latina, deja mucho que desear, pero aún así no podemos negar que, en efecto, tenemos a los presidentes que nos merecemos (si somos una sociedad absorbida por la tele, qué más podemos esperar) y que en cualquier momento un pueblo puede derrocar un gobierno si se lo propone, se organiza y lucha unido.

Si la democracia nos duerme no es por ella, es porque lo permitimos. Si la democracia decae día a día es porque dejamos que caiga no es porque la fórmula se esté agotando, sino porque nosotros estamos agotados.

Si fuéramos capaces, como pueblo, de refortalecer la democracia, no sólo lograríamos mejorar la calidad de vida de quienes vivimos en ella, sino también combatir otra forma de gobierno que está en ciernes, escondida, y que en realidad es la más poderosa que existe en los países con economías de libremercado: la "corporatocracia", el gobierno de las corporaciones y las empresas. El gobierno del dinero en otras palabras.

Pero nuevamente, el problema no es lo que el sistema nos quiere insertar y hacernos creer, el problema es lo que aceptamos y creemos desde nuestras casas mientras cambiamos la tele con el control remoto.

Actos de fe del último tiempo

  • Jugar la polla de las clasificatorias al mundial (y ganarla... y que todavía no me la paguen)
  • Ir al restaurante peruano (y amar el ají de gallina gracias a mi amiga Cintia de Martin)
  • Ir al gimnasio (e ir... porque una cosa es anotarse)
  • Curar a mi gatita y darle sus remedios (y que se esté mejorando)
  • Dedicar tiempo a los dos grandes proyectos 2009 (ésos que pocos conocen)
  • Cerrar los ojos y pensar que los fantasmas no existen (porque sí existen)
  • Sentir la congestión y decir que es una alergia momentánea (porque es una alergia)
  • Cocinar (y que quede espectacular)
  • Decir que sí (y que sea bueno)

Flashforward, año 2019

Un día de lluvia, como hoy, pero dentro de 10 años más. Yo aquí mismo, quizás. Ya no la oficina, sino la recepción. Las ventanas con vidrios, las grietas selladas, el viento que no puede entrar.

Y entonces el olor a parafina que me llega desde alguna casa vecina. Una estufa prendiéndose en la vereda. La parafina que comienza a consumirse generando calor. El recuerdo del invierno del año 2009... el último invierno de mi vida en que sentí el olor a parafina en el pasillo junto a la cocina mientras se apagaba en la oscuridad absoluta de una casa que estaba pronta a dejar su pasado para insertarse en el futuro.

La parafina me trae el recuerdo del invierno 2009, el último en que pasé frío, la última vez que se me helaron los huesos. Con mi gatita operada metiéndose debajo de las frazadas buscando temperarse. Con la noche gélida en que estuve, por primera vez, durmiendo fuera de casa después de muchos años.

El último invierno en que nos cortaron la luz y quizás el agua. El fin de un estilo de vida caracterizado por eso: un invierno largo y frío con olor a parafina. Una casa helada imposible de calentar.

El comienzo de un sueño. El gran proyecto 2009 que acabó con todo lo demás y trajo la luz que se nunca se olvida. Un pc mucho más moderno que también alberga las lecturas que cambiaron mi vida hace 10 años, esos libros en PDF que me quemaron las pestañas y me sanaron del vacío. Lecturas silenciosas y solitarias con mi estufa a gas al lado, mi termo lleno de té y mi buzo... para ir al gimnasio.

Y lo recuerdo en este mismo lugar, con una silla más cómoda y un escritorio más grande. Y debo dejar de escribir en el blog porque hay que tomar datos y coordinar la excursión a Valle Nevado... donde el frío es una anécdota llena de monos de nieve que se construyen con guantes a prueba de agua.

Reflexiones sobre la gestión teatral (a propósito de que el viernes me suspendieron la función y hacía mucho frío)

El viernes me tocó la triste realidad de presenciar la suspensión de la función de una obra de teatro. ¿El motivo? Falta de público. Éramos apenas cuatro personas y más encima todas invitadas, yo iba a grabar y a verla para escribir un comentario, pero tendré que regresar otro día al parecer.

Conversando con algunas personas, me han señalado que muchas compañías de teatro no tienen la capacidad de gestionarse por falta de herramientas relativas al manejo de negocios. Es una posibilidad que a mí me convence bastante.

El teatro es una actividad de muchos. Para bien o para mal. Hay un grupo de gente involucrada de la que no se puede prescindir. En el más extremo de los casos son como mínimo dos personas. Un director que sea técnico y un actor. Siendo frugales al extremo.

Esta realidad de equipo hace que la actividad requiera una rentabilidad del doble de cualquier otra que puede desarrollarse en solitario, pues debe alcanzar para dos personas y no una.

¿Por qué el teatro nacional no puede conseguir esta meta?

Personalmente creo que la falta de una industria teatral juega en contra. En Chile podemos decir que hay una industria del cine y una del libro (pequeña, pero existente), mientras que en teatro no hay industria. Hay quizás un mercado, un movimiento, pero no una industria. Sin industria no se puede generar una cadena de ingresos permanente porque cada esfuerzo nuevo implica una aventura desconocida que no sabe cómo reaccionará el pequeño mercado.

Pero los responsables de que no haya industria son los mismos integrantes de la familia teatral. Su capacidad de gestión es escasa, eso debemos reconocerlo, tan escasa como la de la mayoría de las artistas, con la diferencia de que en las otras artes que no son escénicas, el producto es de largo aliento. Podemos invertir mucho dinero en una película y esa película es de una vez y para siempre. Si le va bien generará ganancias por los siglos de los siglos gracias al pago de derechos. Lo mismo los libros. El teatro no.

Incluso con una obra exitosa bajo el brazo, su reposición siempre requerirá nuevos recursos, aunque sean únicamente para pagar la luz del teatro, siempre hay gastos nuevos generados en el momento de la reposición. No es un formato reproducible.

Pero aún así, con todas estas realidades, nos encontramos con aquellos éxitos. Esas obras que lo lograron. Y por el hecho de existir obras que lo han logrado, quiere decir que se puede. No hay caso con esta afirmación. Si uno pudo, es porque se puede. Y los que dicen que no se puede es porque ellos no pudieron.

Mi conclusión es que el que no pudo lograrlo hizo algo mal. Es así. Los negocios no son matemáticos ni tienen exactitud, pero es muy poco probable que si yo replico el modelo de McDonald's en mi negocio de hamburguesas, me vaya mal. Si me va mal es porque lo repliqué mal. Pero si sigo todas las pautas elementales, me tiene que ir bien.

Me tocó encontrarme hace poco con el director de una compañía de la que comenté su obra y me decía que se habían asesorado por unas personas por aquí por allá, que habían seguido el modelo de un montaje al que le fue filete el año pasado, y aún así habían tenido en promedio 10 personas por función. Comencé a indagar en todo el proceso previo y en la apropiación del modelo de la obra exitosa y descubrí que en esencia no se habían guiado por él.

La obra exitosa estaba en un gran teatro, la de ellos no; la obra exitosa tenía publicidad en TV, la ellos no; la obra exitosa había pre-vendido funciones a colegios, la de ellos no. En resumen, tenían el modelo, pero lo habían "adaptado" cambiando cosas que no podían pagar, pero esperaban el mismo resultado.

Es como si pusiera mi McDonald's en un lugar muy alejado porque es barato el arriendo, comprara carne de cerdo porque es más económica y no pagara publicidad en TV y sólo hiciera flyers.

Eso es un modelo nuevo mío esperando ser exitoso. Eso no es copiar la fórmula. Por algo son fórmulas. Es como cuando la madre cambia la receta porque los ingredientes son caros o no hay en este país y después se extraña porque el postre quedó malo.

Los gestores teatrales incipientes, aquéllos que están apostando por esta carrera a largo plazo, tienen dos tareas por delante. Una, estudiar modelos exitosos. Si no pueden aplicarlos aún porque son caros (lo suelen ser), deben aspirar a ellos y trazar un plan para conseguirlos, pero mientras tanto no pueden hacer las cosas a medias y decepcionarse porque no logran esos resultados. Este punto se puede reemplazar por un alto nivel de creatividad publicitaria que les permita dar con el palo al gato y hacer de una obra un hit; pero como esos casos son aún más raros, yo prefiero ir por los modelos consolidados.

En segundo lugar, estudiar la disciplina económica y la generación de negocios lucrativos. Es decir, quisieron ser actores o directores o productores, lo que sea, o vienen de otras carreras, y para eso entendieron que debían estudiar. Muchos pensaron que sus ganas de hacer teatro no eran suficientes y decidieron estudiar 5 años una carrera y 7 en el caso de los directores que hacen la especialidad.

Si pensaron eso del teatro, ¿por qué no piensan que con desear hacer dinero no basta? Hay que saber hacerlo. Y esto se estudia. Se puede estudiar en la universidad o en la vida. Los que ya fueron a la universidad 5 años, no regresen, estudien en la vida, pero háganlo.

Si la generalidad de las personas piensa que las artes no son una carrera lucrativa es por algo. No es un mito urbano. Cuesta financiar el teatro y mucho más lucrar con él.

En literatura hay modelos exitosos para escribir y editar libros. La gente los copia. Por ejemplo, se sabe que un autoayuda puede ser un best-seller. Toman un ejemplo, lo replican y todos esos libros son iguales, pero con algún diferenciador. Y así se hacen fortunas.

Quienes escriben best-sellers no son grandes escritores, son grandes vendedores. Ser vendedor es la primera clave para generar recursos. Desde la realidad de tener que vendernos a nosotros mismos a través de un currículo, sabemos que no estamos exentos de este fenómeno. El punto ahora es cómo profesionalizar la adquisición de recursos a través de modelos financieros rentables en cultura.

Estudiando. Pero no sólo gestión cultural, sino gestión general. Cómo se usa el dinero, cómo se genera, de dónde viene. Por qué a una compañía le conviene más ser una sociedad que una corporación. Por qué es importante tener un sitio web de verdad, con dominio y diseño personalizado, y no una página .tk o un wordpress.

Por tratar a las artes de manera especial, como el alimento para el alma y bla bla bla, lo que hemos conseguido es hacerlas un hobbie. No una profesión digna y lucrativa. Y por lucrativa quiero decir que sea suficiente para pagar gastos básicos y para cumplir sueños materiales, que no está mal tenerlos.

A la mayoría le da miedo "rebajar" el estatus tan elevado de las artes al barro nauseabundo en que se mueven el resto de las profesiones y que permite a quienes las detentan mantener vidas independientes.

El lograr que una obra consiga todos sus objetivos es cosa de planificación de negocios, tal como uno hace cuando pone una empresa. A los objetivos artísticos debe sumar los económicos, así como se hace una dirección de actores, se debe hacer una ejecución y un plan para conseguir recursos. Quienes no quieran enfrentar esta realidad social deben asumir el teatro como un hobbie o como una actividad para el alma por la que las personas no están dispuestas a pagar.

Seamos honestos, por algo se cobra una entrada. Si fuera gratis se entendería que no buscaran estos objetivos. Pero al cobrar una entrada, como mínimo se desean recuperar los costos de inversión y tener dinero al final para comprar una pizza y una coca para el equipo (como mínimo), y eso convierte a la obra en un producto. En la sociedad de libre mercado está establecido que se paga por productos o servicios. Por lo tanto mientras el teatro no se vea a sí mismo como tal y no entienda que debe venderse bajo leyes de competencia donde debe, por ejemplo, complementarse con la industria del ocio y el entretenimiento en su totalidad y ofrecer algo más que sus competidores, no tiene mucho que hacer ni mucho que reclamar respecto de por qué la gente no va o por qué todos los que vamos vamos gratis. Yo soy prensa y la prensa siempre que tiene que ir gratis, eso no se cuestiona :P.

Yo intenté el mundo de la gestión teatral y fue un desastre con mayúsculas porque no entendía estos conceptos. Ahora me dedico únicamente a la gestión empresarial, pero aprendí mi lección, que es lo importante.

Otro punto a destacar es que, como podrán constatar, en ningún momento hablo de la "calidad" del producto. Esto se debe a que, primero, la calidad no es garantía de nada (ya saben que científicamente la Pepsi es mejor que la Coca-Cola... y sin embargo ¿cuál es la más vendida?); y, segundo, la calidad es objeto de otros análisis que dejo más en el lado artístico, lo que me interesa es recalcar que cualquier producto, más allá de si es "bueno" o "malo" puede ser insertado comercialmente con la estrategia adecuada. Piensen en Google y su sistema de correo Gmail que abajito dice "beta", desde que salió hace años lo dice. Para Google su Gmail no está terminado, está siempre en proceso de mejora, lo que no puede fallar es su estrategia de penetración comercial. No importa cómo está el producto.

Piensen en Windows Vista, una mierda de sistema operativo que yo uso, por ejemplo, porque me venden los PC así y me da mucha pereza buscar a alguien que me lo cambie a XP. El modelo de venta es lo que funciona, no la calidad del producto.

Ojo, esto es extremo, obviamente queremos que se realicen productos de calidad, mi punto es que el "fracaso" en taquilla de una obra no debe ser atribuido a su calidad, pues buenas y malas obras han tenido poco público, así como buenas y malas obras han sido exitazos. En ese sentido no es una responsabilidad artística de la compañía y por lo general ellos lo saben. A mí me llegan pidiendo siempre difusión urgente, hacer comentarios porque nadie va... En el fondo siempre lo saben. La mala publicidad es la culpable. Y si lo saben y no hacen nada para remediarlo, están peor que cuando no sabían.

Pero acaso ¿alguien del teatro escribe mails para pedir consejos de negocios? No. Me llegan amigos de mis hermanos, alumnos y el proyecto 2009 está en plena marcha con nuevas perspectivas porque hay hambre de dominar las finanzas. Pero no de las artes.

Los artistas ariscan la nariz cuando escuchan hablar de plata. Cierran los ojos, se hacen a un lado y cuando uno sale con ellos los tiene que escuchar quejarse porque en Chile la gente prefiere ver tele a ver teatro. Le hacen asco a la plata como si el pan que ellos compran estuviera bendito por el hecho de que tuvieron que juntar las monedas toda la semana para conseguirlo. Es el mismo pan. Es el mismo precio a pagar, sólo que algunos hacen el dinero suficiente para comprarlo a diario... y otros no. El que les cueste más no lo hace más valioso.

Son como avestruces con la cara bajo la tierra. Mientras todas las disciplinas crecen, las obras se siguen representando en casas acondicionadas o galpones con graderías sin respaldos.

Lo que me molesta es que una y otra vez vuelven a cometer los mismos errores. No aprenden. Eso es lo que más me molesta. Porque cagarla la primera vez y en grande está buenísimo, lo digo yo que me mando siempre grandes cagadas en mis emprendimientos, pero a la segunda hay que darle al blanco. No puede ser de otro modo.

No hay recursos en el mundo para financiar una actividad que una y otra vez cae en el mismo pozo de la autocompasión y la falta de disciplina organizacional económica.

Simplemente no hay. No hay papitos eternos para financiar hobbies ni mamitas buena onda que lleven el almuerzo todos los días porque la guagua no puede comprarlos. Es momento de hacerse hombres y mujeres de teatro y comportarse a la altura de una disciplina hermosa que merece que se haga un esfuerzo de planificación serio y un estatus comercial digno para cumplir el objetivo primario y más digno: ser vistos por la mayor cantidad de gente posible.

Y todo esto es compatible con hacer funciones gratuitas en los sectores desposeídos de la sociedad. No confundir una cosa con otra. El hacer del teatro una actividad altamente rentable no significa que deba obviar su objetivo social. El punto es no hacer caridad para los ricos como se hace ahora cuando se regalan entradas en la puerta por la desesperación de que no hay nadie esperando para entrar.

Yo firmo por la democracia

La gracia de la democracia es que se sustenta en la idea, cada vez menos real, de que el poder lo detenta la ciudadanía. Su premisa central es, en este contexto, que cualquier persona puede postularse para la presidencia de un país porque reconoce a los individuos como iguales en derechos.

Nuestras leyes, sin embargo, no permiten que esto se concrete. Cómo olvidar cuando el Aucán Huilcamán no pudo postularse debido a que no contaba con los recursos suficientes para pagar la legalización notarial de las 30 mil firmas que son exigidas. Es un platal... y necesitar 30 mil firmas para poder postularse a la presidencia es una estupidez. Peor aún es que tengas las 30 mil firmas y no sean válidas porque no son notariales... UNA RISA.

Es por ello que estoy en contra de los obstáculos que la ley impone a quienes desean llegar a la presidencia. Me da igual quiénes sean estas personas, si es el Aucán, si es Pamela Jiles o Luli, lo importante acá es defender el principio de que todo ciudadano tiene derecho a ser candidato presidencial. Es lo mínimo en una sociedad libre y democrática.

Es por eso que yo voy a firmar a la notaría para contribuir a que Marco Enríquez-Ominami sea candidato presidencial.

El día de las elecciones votaré nulo. El día de la segunda vuelta votaré nulo. Todos son una mierda. Ése no es el punto, el punto es, reitero, que todo ciudadano tiene derecho a ser candidato presidencial.

Por suerte este aspirante a candidato tiene el dinero suficiente para que podamos hacer este trámite gratis. Si no fuera gratis, no iría... obvio, la plata no está creciendo en los árboles por estos días. ¿Es injusto? Sí. Es injusto que hoy Enríquez-Ominami tenga al menos la posibilidad de conseguir las firmas porque tiene la plata, mientras que el Aucán no pudo en su momento por falta de recursos.

Pero bueno, eso es otro problema. Me interesa que todos quienes quieran ser candidatos puedan serlo. Defiendo ese principio. Lamento que sea una cuestión de plata lo que mantenga a algunos más alejados de esta posibilidad, pero al menos podemos apoyar esta opción para dar la señal cada vez más clara de que es una vergüenza cumplir con requisitos ridículos para aspirar al poder. Es una muestra del miedo parido que tienen la Alianza y la Concertación por cualquiera que levante un poco la cabeza y quiera quitarlos del camino... lo que sabemos que no va a pasar y, nuevamente, ése no es el punto. El punto es la posibilidad y la libertad de postularse.

Las elecciones se definen en regiones y en regiones cuenta la plata. Las promesas, los carteles, las giras, la propiedad de los medios locales de comunicación.

Y financiar una campaña de norte a sur en el país más largo y angosto del mundo requiere platita chin chin y bastante. Platita que los Piñeras y los Freis tienen de sobra por su riqueza explotando los recursos de este país. Platita que los Enríquez-Ominamis podrían conseguir con esfuerzo, pero platita que nunca tendrán muchos otros que quizás son mejores opciones... pero al menos deberían tener la oportunidad de intentarlo.

Como sea. Firmo por Marco no porque me gusten sus planteamientos, aunque son mejores que los otros dos sacos de weas, pero insuficientes, sino porque amparo su derecho de ser candidato, así como amparé el de Aucán y ampararía el tuyo y el mío.

Eso es democracia. Yo firmo por el derecho ciudadano.
Infórmense acá.
En un próximo boletín democrático les contaré todas las cagadas que se mandó Frei y que nadie recuerda salvo yo, por lo que llamo a todos a no votar nunca por este pelafustán que me parece peor que Piñera porque de Piñera al menos conocemos de dónde viene y para dónde va: desde el mal y hacia el mal; mientras que Frei se disfraza de hijito de papá demócrata y es un tirano incompetente más.

Para reírse un rato

Con el gentil auspicio de la inigualable Cintia de Martin, dejo con ustedes este popurrí de audios graciosos. Todos son reales y han sido rescatados de audiencias en el poder judicial y, el último, en una particular entrevista.

Algunos de ellos fueron descritos en el diario, pero escucharlos no tiene precio. El mixdown es de mi autoría, jajaja.

El SII molestando a las minúsculas empresas

Como si en este país no hubiera grandes estafadores y personas haciendo fraudes de aquéllos... (no olvidar que a esta mismísima humilde servidora se le adeudan cheques por su trabajo), el dignísimo y siempre correctísimo, pero erróneo en sus planteamientos originales, Servicio de Impuestos Internos, aka: SII, me ha realizado una fiscalización.

Es así no más. Han venido a la oficina en día viernes a última hora (y yo con jeringas y pastillas en mano para medicar a mis gatitos recién operados) para revisar mi papeleo, mis libros y mis facturas. Eso es lo que les preocupa: cuántas facturas he dado y recibido pues no vaya a ser que esté cometiendo fraude o tenga mis sueldos impagos. Mis sueldos: el mío y el de mi empleado.

Para decepción de los dignísimos inspectores, no he dado ni recibido facturas hasta ahora. Mi talonario está entero. Luego de que los clientes me las pidieran, pero a última hora consideraran más barato la boleta (mejor para mí). Y mis sueldos todos al día, por supuesto. Al menos los que yo pago... de ahí a los que me deben ciertas personas es otra historia.

Pero bueno. El SII no tiene mejores cosas que hacer que venir a fiscalizar a las minúsculas (porque para pequeñas no nos alcanza aún) empresitas que trabajan con un patrimonio consistente en un gran y genial profesional universitario (yo) y un hermoso y bien dotado computador (éste en el que escribo).

Y yo siempre cumplidora con mis cosas al día recibo mi certificado de visita y quedo en espera de que regresen para ver los libros (porque los tiene mi contador, no yo) pues no vaya a ser que quede duda alguna sobre mi transparencia, prolijidad y adecuado manejo de los documentos públicos que son las tan benditas facturas.

Y mientras el SII está acá, otros tantos como Manuel Gallo de Moba Comunicaciones junto a Marta Cancino y sus secuases, siguen girando cheques sin fondo y defraudando al sistema no sólo impositivo, sino también laboral.

En qué país estamos.

Me encanta que hayan venido a fiscalizarme para que vean que soy un ejemplo de ciudadana y minúscula empresaria... pero más me encantaría que fueran donde hace falta. Más me gustaría que fiscalizaran a los que nos están defraudando a mí y al fisco desde comienzos de año.

Yo trabajo gratis

Mi madre me comentaba el otro día, a propósito de sus clases de computación, que uno de los profesores del centro (que realiza todos estos cursos de manera gratuita) se jactaba de que él no trabaja gratis; no, a él le habían pagado por dictar esa parte del curso. Porque él no trabaha gratis; no. Todos los demás profesores que dictaban el curso eran voluntarios, pero él no.

Esta conversación me recuerda las muchas que tuve tantas veces con personas que viven sosteniendo esta premisa del egoísmo porque ellos tampoco trabajan gratis; no. Porque el trabajo tiene que ser remunerado; sí. Y si por algún motivo la plata no entra, se frustran.

El trabajo siempre es remunerado, siempre. No hay trabajo sin remuneración. El problema es que todos quieren la remuneración en plata, a eso se refieren con "yo no trabajo gratis" que para mí significa "no saco mi culito de la cama si no es por dinero".

Al revés de todas estas personas, que obviamente me caen muy mal porque representan lo opuesto a mis paradigmas, yo sí trabajo "gratis". De acuerdo al concepto tradicional de "gratis" que quiere decir sin recibir dinero.

De los muchos trabajos que realizo, por la mayoría no recibo dinero. Pero para mí no es trabajar gratis, porque se me paga con otros recursos que, lamentablemente para la brigada anti-trabajo-gratis no son tangibles. No se pueden tocar y no se pueden intercambiar en el comercio por productos de consumo. Qué triste, lo sé.

El pago es en cosas fútiles como el agradecimiento, la posibilidad de conocer gente nueva, la admiración ante un conocimiento que el otro no posee, la alegría de verte llegar cada día a compartir, la satisfacción de ver surgir a otros y ayudarlos a caminar por los caminos exitosos que uno ha caminado.

Yo sé que para esas personas que "no trabajan gratis" esto equivale a bazofia, bosta, mierda. Porque el agradecimiento que recibo de mis trabajos "gratis" no lo puedo cambiar en mi tienda favorita por aquel par de botas que tanto me gustan. No me paga las cuentas, no me compra comida, no me permite salir a restaurantes caros.

Tristemente satisface otro tipo de necesidades que no son físicas. Pero a los que "no trabajan gratis" eso no les importa.

No entiendo cuál es el orgullo de no trabajar gratis. Es como decir "soy un maldito cerdo capitalista y no muevo un dedo si no me muestran los verdes". ¿Qué orgullo hay en decir eso? Ninguno. Pero supongo que esos cerdos capitalistas no lo ven así.

El equilibrio del trabajo está en la justa dedicación a las actividades remuneradas con plata y a las remuneradas con el "muchas gracias". Y por supuesto a aquellas que son intercambio de habilidades. Y cuando digo "justa dedicación" quiero decir aquella que cada uno estime pertinente. Yo le dedico mucho de mi tiempo al aprendizaje de inversiones y a la búsqueda de nuevos clientes para tener mucho dinero. Si acá el querer tener mucho dinero no es lo que está mal, lo que está mal es pensar que todo lo que uno hace en la vida debe recibir dinero a cambio para tener sentido. Lo que está mal es que si uso en algo mis habilidades aprendidas, por ejemplo en la universidad, es decir, si hago lo que sé hacer porque lo estudié 5 años, me tienen que pagar con plata. Eso está mal. Por qué no voy a poder trabajar en mi profesión "gratis" para ayudar a quien necesite o por el placer de hacerlo, porque de pronto mis proyectos no son rentables y por más que me esfuerce nunca van a ser rentables. Debo ser lo suficientemente inteligente para generar recursos por otro lado, no queda otra. O puedo morir de hambre.

Cuando mis amigos me piden que arregle una foto, que haga un audio, un video, una web, que revise un comunicado de prensa para su obra de teatro, que son algunas de las cosas para las que estudié 5 años; siempre me preguntan cuánto es. Yo me tiro de las mechas. Cómo le voy a cobrar a un amigo por algo que me toma 2 segundos de mi vida. O si es complejo me tomará más y qué. Dejo de jugar tanto waka-waka y ayudo. Y después cuando yo necesite de su ayuda, ese amigo me ayudará.

Me parece curioso que algunos se preocupen por el tiempo dedicado a eso. Por cómo el tiempo dedicado a ayudarlos puede afectar otras esferas de mi vida y hacerme perder dinero. Tonteras. Ayudar a un amigo es prioridad.

Así funciona el mundo. Esto no es una máquina tragamonedas donde cada vez que giro la palanca deben caerme las metálicas.

Obviamente que de la totalidad de mis trabajos realizados, hay muchos que se cobran... y muy caros. Obvio. Y me lo pagan mis grandes clientes del Estado que me dan cifras con algunos ceros (todavía no muchos, pero de a poco), y también mis clientes pequeños a quienes les cobro de acuerdo a su línea de ingreso-egreso.

Y luego están mis clientes "gratuitos" que me pagan con "muchas gracias". Y ellos me cuidan más que los otros. Ellos me tratan mejor. Me quieren más. Me tienen las puertas abiertas y gracias a ellos es que los proyectos de vida que planeo están por ponerse en marcha. Ahí están las oportunidades. De hecho mi gran proyecto 2009 (el mío sola, no el familiar), ése que pocos conocen, pero que es ESPECTACULAR, EL MEJOR DEL MUNDO, es un proyecto por el que recibiré 0 peso y que me costará una buena inversión. En este momento la brigada de los que no trabajan gratis se tira de las mechas y se quiere matar. Pero así es como me gusta. Mi proyecto es para quienes no pueden pagarme. Si en el futuro llega a quienes sí pueden, les cobraré, obvio, pero por ahora está dirigido a quienes no pueden pagarme. Y no es susceptible de subsidio... ¿por qué habría de serlo? Basta con querer que el Estado financie todas las buenas causas de uno. Qué desvergüenza. Mi hermoso proyecto dirigido a quienes no pueden pagarme... en dinero (porque me pagan con su agradecimiento) me llena mi cuore y me hace feliz. Y por eso vale la pena trabajar, mucho más que para los que sí pagan en dinero.

Sé que algunos buscan encontrar este equilibrio y no pueden. Sus trabajos remunerados en dinero no les permiten dedicarse a otras cosas. Pero esto, sepan, es también responsabilidad. Esto para poder hacerlo hay que querer hacerlo y trabajarlo. Llegar a este punto de la vida cuesta mil veces más que estancarse, obvio, y no todos están dispuestos a dar esa lucha. Yo brindo por los que la dimos y la seguimos dando.

Yo trabajo gratis. Y a mucha honra. Un saludo a mis amigos que también trabajan gratis, en lo masivo y lo pequeño, una vez al año o una vez a la semana, poniéndole weno y poniéndole el hombro. Es un orgullo tener vuestra amistad.

Ahí se ven los grandes hombres y las grandes mujeres.