10 de agosto de 2006

Pintamos su casa, pero sólo de beige

Más allá de los caprichos personales, hay una realidad terrible relacionada con el modo en que uno desea hacer las cosas.

A mí me gusta que se hagan a mi manera. Muchas veces puede ser un requerimiento antojadizo, pero otras tiene que ver con criterios reales de convencimiento de que tal modo es mejor que otro.

Éste es uno de los problemas de no poder hacer lo que uno quiere y estar subordinado, sobre todo si uno es responsable.

¿Por qué? Sencillo. Porque si estás bajo el mando de otra persona en una línea de subordinación, debes obedecerle más allá de tus consideraciones, especialmente porque a nadie le importan una raja.

Perfecto. Perfecto si es que uno está haciendo un trabajo que no es el suyo. Por ejemplo, si me pasara esto en un reemplazo de secretaria, no sería un grave problema, porque no es lo que yo elegí para mi vida, por lo tanto la adaptación no me acarrea una crisis existencial.

Esto se vuelve grave cuando es aquello por lo que has luchado mucho tiempo y que deseas que sea el sustrato de tu actividad profesional.

No es sencillo ir contra uno mismo cuando se sabe a ciencia cierta de que no se quiere lo que se está haciendo. Esto tiene matices demasiado finos que no sé si pueda explicar.

Ni siquiera se trata de estar haciendo las cosas bien o mal (aunque en algún grado sí), sino de tener criterios diferentes y opuestos. Si estás contratado para pintar una casa roja y elegiste ser pintor de casas y lo amas y tienes experiencia, aunque no mucha, pero sientes que el color escogido debería ser el beige, estás cagado.

Es así de simple. Porque no es que TENGA que ser beige, ni que ESTÉ MAL el rojo; es una diferencia de opiniones válidas, en donde obviamente se impone el empleador.

El problema de esto es que tomas tu brocha, pintas rojo y no es que quede mal, pero te ronda toda tu vida qué pasaría si realmente pudieras poner en práctica tus visiones.

Esto es terrible, muy terrible.

Si el empleador toma la brocha y pinta de rojo y tú nada más haces unas marcas o cosas así, está bien. Pero cuando eres tú el que construirá todo el edificio y te piden que vaya de rojo, cuando deseas que sea beige, es una crisis imposible de soslayar.

Es algo que te persigue todo el día y que intentas solucionar invocando humildad para aceptar la experiencia de los otros, sus posiciones y su conocimiento, a pesar de que no crees en su propuesta y no ves el compromiso que ellos esperan de ti en un proyecto que al fin y al cabo no es el tuyo.

Y como uno es responsable, pinta con el mejor rojo del mundo y la brocha más grande, con mucha energía, le pones talento, ganas, inspiración. Pero terminas frustrado. Porque tú crees que no está bien que vaya en rojo, por lo tanto inconscientemente le metes matices de beige que después te son reprochados.

Y no sabes cómo combatirlo, porque tu instrucción dice únicamente ROJO, nada más. El resto debes inventarlo. ¿Cómo das con el rojo exacto?, ¿qué pinceladas?, ¿esmalte, látex?, ¿lavable, con plomo, sin plomo? Y claro. Todo eso está mal. Pintas con esmalte y era con látex.

Pero aun siendo eso todo lo asqueroso que es, lo peor de todo sigue siendo que tú amas pintar casas, te gusta pasar la brocha, mezclar los colores. ¿Qué hacer?

La respuesta más evidente es que tienes que poner tu propia empresa pintadora de casas. Pero hasta que eso no pase, hay que joderse.

1 comentario:

Musique dijo...

Me requeteJODO
(a veces... tal vez muchas)



Anoche mismo, frente al pc

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