24 de enero de 2009

Para quien le sirva

De las verdades universales que existen en el mundo, hay algunas más aceptadas que otras. Por ejemplo, la ley de gravedad es incuestionable, la necesidad de oxígeno para la vida humana, etc, etc, etc. Otras que son aún más importantes, no ocupan un lugar relevante porque la ciencia no ha podido demostrarlas. Y sin embargo gira.

Hablo del poder personal. No hablo del poder para hacer aparecer dinero en la mesa, supongo que a alguien le podría resultar, no lo creo, pero quizás... Hablo del poder mental para controlar lo único que uno puede controlar en este universo gigante y vasto: uno mismo.

Eso es lo único que se puede controlar. A través del control de uno mismo se genera el control del entorno, al menos en parte, pero para ello se debe estar en conciencia de esa realidad y asumir algunas verdades que a veces son un poco feas.

1) No se saca nada con sentir lástima por uno mismo y tratar de conmover al resto. Es totalmente inútil para el objetivo final de ser inmensamente feliz.

2) Si nos empeñamos en ver sólo lo negativo de la vida, atraeremos cada vez más cosas negativas construyendo un pozo del que será imposible salir (y que ha sido creado por uno mismo... miedo).

3) Cuando el cuerpo se enferma, cuando la mente se enferma, es porque uno los ha enfermado. El cuerpo no se enferma automáticamente. Si a iguales condiciones ambientales y (supongamos) similares condiciones de salud objetiva, dos sujetos responden de manera diferente a los estímulos de la vida diaria (lo que se come, lo que se hace, lo que no se hace ni se come), el que reacciona mal (enfermándose) es porque así lo quiere. Inconcientemente, desde luego, pero es así.

Sírvanse observar a la gente sana que rara vez se enferma: ¿son personas que anden preocupados por enfermarse? No. Están seguros de que poseen una inmunidad casi divina. Por el contrario observen a quienes están enfermos, ¿acaso no son ellos personas convencidas de su enfermedad, que hablan de ella todo el día y están seguros de que cada acto que realizan repercutirá de mala manera en su salud? Es así.

4) Para que nos amen como queremos que nos amen, primero tenemos que lograr el amor más incondicional y difícil de todos: el nuestro. Es cliché, pero real. Si yo pienso de mí mismo que soy una persona complicada, que no soy bueno, que no soy divertido, que alguien debería estar enfermo para fijarse en mí... ¿por qué alguien bueno habría de fijarse en mí? Lo lógico es que me mire alguien enfermo, ¿me explico? Si yo pienso que sólo una persona enferma se me acercaría, entonces así será y me rodearán puros sicópatas. Si por el contrario yo pienso y creo con convicción que mi listado de virtudes es superior al de mis defectos y he aprendido a entenderme, quererme y de tanto quererme, he estado dispuesto a mejorarme a mí mismo (ser mejor persona), entonces obviamente que estaré seguro de que quien se fije en mí va a hacerlo por las razones correctas: porque soy increíble, porque valgo la pena y porque amo en esa misma sintonía. Porque merezco lo que merezco y me llega lo que quiero y pido.

5) Tras reconocer varias de estas cosas se debe actuar. Y a veces sabemos en el interior todo, pero nos paraliza la pereza o el miedo.

Todos emprendemos caminos importantes en algún momento. Yo estoy emprendiendo el mío, comprendiendo el origen de mis grandes fortalezas y debilidades, convirtiéndome en la mejor Luisa posible. Haciendo compatible todo lo que deseo, sin culpas. Salvo la comida que es mi tarea pendiente.

Por eso dejo algunos consejos para quien le sirvan:

1) La palabra crea, por lo tanto no se debe escribir ni hablar sobre lo mal que se está porque se reafirma. Al contrario, si uno está mal, debe enfocarse en algo bueno y escribir sobre ello. Sintonizar la energía, disponerse hacia lo bueno. ¿Cómo estás? Bien. Hasta que me lo crea a mí misma.

2) Si enfermé mi cuerpo o mi mente debo preguntarme qué le hice y solucinarlo. Escuchar lo que me dice, pero no hacerle caso cuando se refiera a enfermedades incurables, permanentes o graves, son mentiras. Así como uno hace la enfermedad, uno la saca. Nuevamente: ¿cómo estás? Bien. Cuando se habla de enfermedades, se las atrae, por lo tanto hay que hablar de buena salud.

3) Concocerse. Hacer un viaje interior y llegar a lo que uno es, a lo que uno quiere, a lo que uno fue, a lo que demuestra. Analizar ese yo: ¿es el yo que realmente siento que debería ser? ¿Puedo ser mejor? Luego hay que concentrarse para ser mejor. Lo mejor que se pueda porque la perfección existe en la robótica avanzada que aún no se ha inventado. Si soy feo me esfuerzo para ser más bonito y luego para estar feliz con la máxima belleza posible en mí. Si soy enojón me esfuerzo para ser más tolerante. A mí me funciona lo siguiente: por mail me salgo más frecuentemente de mis casillas que por fono, entonces trato de no mandarme mails con la gente que me saca de mis casillas, así no corro el riesgo de matarlos con mis insultos. Y así con todo.

Pequeños pasos. Es un camino eterno. Pero lo principal es tener presente que lo que uno es viene 100% de uno mismo. Si alguien nos dañó, si un novio nos dejó, si un amigo nos olvidó, hay una culpa propia que asumir empezando por la razón que nos llevó a asociarnos a gente que no nos valora como merecemos. E insisto: ¿por qué alguien habría de quererte más que tú? Es ontológicamente imposible, si yo pienso de mí lo peor por qué habría alguien que pensara lo mejor y convencerme. Lamentablemente no funciona así.

Llevemos esto al mundo del marketing: si yo tengo un producto en el que no creo, ¿habrá alguien que quiera invertir en él y comprarlo? Si yo fabrico algo y lo salgo a vender y digo: tengo esto, pero no me quedó muy bien terminado, el color es feo, de hecho no funciona muy bien, se queda pegado al hacer las cosas, no es muy útil, ocupa mucho espacio, hay otro más barato y más eficiente. Si yo vendo así mi producto y alguien lo compra, ¿no pensaríamos que es un imbécil por comprarlo? ¿Acaso por el deseo de comprarlo va a "arreglarlo"? ¿Acaso el producto dirá "oh, alguien me compró, seré un mejor producto"? No. Eso no pasará jamás.

Con uno mismo es exactamente igual y no se trata de venderse sino de creer y trabajar para ser la mejor persona posible para que uno mismo no dude de quien se nos acerque. ¿Cuántas veces uno dice "no, ese chico nunca me va a pescar"? Y si no lo crees tú, menos él. O cuántas veces hemos agradecido tener a alguien, quien sea, sólo por el hecho de que haya alguien para no sentir que uno vale nada, que nadie nos mira, que nadie nos quiere.

Patrañas. Eso pasa porque uno no se quiere. El día que uno dice: soy la raja, soy increíble, soy la mejor, se pasa la ansiedad de compañía, hay mejor disposición a la espera y la seguridad de que se espera a otra persona que es tan buena como uno. Y no es tan terrible estar solo mucho tiempo porque ya no te da asco estar contigo mismo. Al contrario, casi que piensas que eres autosuficiente debido a tu genialidad... pero ese extremo es peligroso. Hay que buscar un punto medio.

Espero que lo encuentren quienes lo andan buscando.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me sirvio mucho su genialidad.
LH.

°°JanEKew°° dijo...

jjajaja
me viene como anillo al dedo
mejor no me junto contigo sino me retas y al rato lloro :-s


besos

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