23 de junio de 2009

Mantra

Todos tenemos mantras. Son aquellas rutinas místicas que utilizamos cuando deseamos concretar algo especial. Pueden ser sencillos como cargar un amuleto o talismán, o más complejos como el seguimiento de rituales cronológicos.

Mi mantra sagrado es la concentración de energía positiva a través de la selección de algunas cuantas personas (muy pocas) elegidas para compartir proyectos especiales o acontecimientos significativos.

Estas personas son los que están al tanto de los proyectos 2009 por ejemplo, los dos más importantes; y también de un relevante acontecimiento reciente. Yo los elegí para que lo supieran.

Por qué, se preguntarán algunos, porque lo principal para mí, en un proyecto, es tener mucho cuidado con el feedback de quienes conocen su existencia, pues si la persona equivocada se entera, nos transmitirá las malas energías.

No son malas energías voluntarias, no siempre es porque la persona quiera, sino por ignorancia o por miedos personales que le hacen creer que si a ella no le resultó algo, a nosotros tampoco.

Muchas veces una impresión negativa puede sepultar un proyecto; por eso escojo muy bien a quienes les transmito información acerca de lo que estoy haciendo y, sobretodo, de los logros del día a día. La energía positiva de los amigos al saber una buena noticia, multiplica que vengan muchas más; mientras que la negativa lo impide.

Este mantra es muy importante. Mis amigos sufren un poco porque les significa recibir muchos mails masivos donde yo cuento mis hazañas y aventuras (¿cuántos van este año, ya? perdí la cuenta); pero yo sé que me quieren y me perdonan y que además están contentos por aquello que les comparto.

Este mantra es el que hace que todo lo que hago sea secreto (salvo para los elegidos) hasta que llega el momento de concretarlo y entonces ya todos se van enterando porque esta ciudad es muy pequeña.

Un mantra emblema que recuerdo es cuando estaba postulando al intercambio para irme a Buenos Aires. Los papeles estaba listos, me había ganado la beca, pero desde la universidad de allá no había llegado la carta de aceptación. Se suponía que era un mero trámite, pero hasta que no llegara, muy pocos sabían que estaba a un mes de irme. Eran contados con la mano. Mis elegidos.

Cuando finalmente recibí la carta de aceptación, resultó ser que casi toda la familia sabía porque mi mamá había abierto todo lo que es el hocico materno, jajajajajajajaja. Ahora que lo recuerdo me da mucha risa. Yo llegué a contarlo cuando se concretó y mi mamá había instruido a todos para que fingieran sorpresa.

Qué grande.

Por eso sé que las informaciones se filtran. Los elegidos, obviamente, no saben que deben resguardar bajo siete llaves la identidad de los secretos mántricos. Pero está bien. Finalmente asumimos que tarde o temprano todo se sabe. Sólo espero que el gran proyecto 2009, ése que los elegidos saben, siga siendo por ahora un misterio, para que concentremos la energía positiva con mucha fuerza y pronto podamos anunciar en este blog que SE VIENE...

¿Y ustedes tienen mantras?

4 comentarios:

Cintia dijo...

Mmmmm, creo q no tengo.
O sea, nunca contaba nada no por las malas vibras sino porque si dp no resultaba no podía con la crítica y la mala onda. O q me dijeran pa qué lo hacís, no aceptaba ni una duda. Cero convicción como siempre, jajajaja. Ponte tú, si padres no me hubiera dicho: "postula para q te vengas más cerca", creo q hubiera desechado la idea de bañarme. Terrible.
Te quiero Lu, en mi libro 101 maneras para relajarse (no te rías) te enseñan a dibujar mantras jajajaja

Luisa Ballentine dijo...

No me río siempre que no te rías de mi libro Hágase rico en un año, jajajajajaj.

Cintia dijo...

Jajajajjaa, tampoco me río. En otro tiempo me hubiera reído, pero ahora compartimos un super segreeeeeeeeeto, jajajaja

Luisa Ballentine dijo...

SEEEEEEEEEEEEEEEEE, jajaja, top segreeeeeet, no lo reveles... pues ya ha sido revelado, jajajajajaja.

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